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Marzo del 2010

 

El Tejo y su confusa historia religiosa

Julio de 2007

 

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El Tejo y su confusa historia religiosa

El Tejo y su confusa historia religiosa.

Entrevista con Fred Hageneder en Sichtung (una publicación mensual alemana), julio de 2007

 

Fred Hageneder sitting in ancient yew tree

E: Tu nuevo libro, Yew – A History ("El Tejo – Una Historia"), arroja una visión sobre una gran variedad de aspectos de la vida humana, desde los instrumentos musicales a la jardinería, la religión o los bosques sagrados. ¿A quién te quieres dirigir con este libro? ¿Cuál es el foco de atención?

Fred Hageneder: Aparte de un profundo estudio botánico de este árbol, un área salpicada de sorpresas, creo que el hilo conductor se dirige a aspectos sobre la historia cultural del tejo de forma espiritual. Con esto, no me refiero a ideas exóticas o supersticiosas, sino al propio significado del mundo, las eternas cuestiones que el ser humano se pregunta, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?, ¿qué sucede después de la muerte? Alrededor del mundo encontramos la dualidad tejo – paso del tiempo, nuevamente asociado con una parte de la vida humana, concretamente con la filosofía, la religión, el nacimiento o los ritos funerarios. En muchas culturas ancestrales el tejo formó parte de la holística, más que las demás especies de árboles, una aproximación a la vida y la muerte. El tejo también está presente en instrumentos musicales, herramientas de cocina, materiales de construcción y, en definitiva, en gran parte de los aspectos de la vida humana.
Así pues, este libro está destinado a cualquiera que esté interesado en los árboles, sin importar el tema. Los aspectos culturales y religiosos están especialmente reflejados en este volumen, debido a la fuerte conexión que tienen con este árbol. Esta publicación también contiene un montón de fotos inusuales, relacionadas con la biología del tejo, de especímenes monumentales o de múltiples objetos fabricados con su madera.

E: ¿Cuál es la base de tu investigación? ¿Por qué ves, de entre todos los árboles, el símbolo ancestral del Árbol del Mundo en el sombrío tejo?

Fred Hageneder: Probablemente conozco todos los libros escritos acerca de aspectos mitológicos y religiosos de los árboles desde mediados del s.XIX. Considero mis libros previos, El Espíritu de los Árboles, La Herencia… y La sabiduría Viva de los Árboles, como un compendio, un sumario de la sabiduría oriental acerca de este tema. Con El Tejo – Una Historia, he dado un paso adelante de forma definitiva. He indagado en cientos de volúmenes de arqueología general, historia, mitología y literatura, sacando a la luz aspectos olvidados en el pasado. Fue como abrir una caja llena de sorpresas.
Dos ejemplos: en varios museos de Europa y otros países lejanos puedes encontrar viejos utensilios con representaciones de ramillas aciculadas de coníferas como objeto de culto. Podían ser acículas dispuestas en espiral, como las de la picea (Picea), acículas no demasiado largas, como en muchas especies de pinos (Pinus), pero ninguna tan bien representada como la del tejo (Taxus baccata); en muchos casos, a escala real (1:1). Era común para los antropólogos del s.XIX rendir homenaje a sus creencias cristianas, declarando cada motivo representado por una rama de palma (Phoenix dactilifera). Este aspecto viene relacionado con la costumbre de los ciudadanos de Jerusalén de recordar a Jesús con las palmas bendecidas. En la actualidad, los arqueólogos ya no hipotetizan ni aportan más interpretaciones, pero los motivos hechos de ramillas siguen denominándose “palmette”, hecho que da lugar a ciertos errores.
Mucho peor es la confusión del lenguaje. Los escritores romanos clásicos ya traducían erróneamente los nombres de los árboles de los textos griegos, el antiguo término griego “árbol sagrado” se convirtió en “roble sagrado” cuando se tradujo al latín. El mismo caso sucedió cuando el Antiguo Testamento fue traducido al latín y más adelante a otras lenguas europeas. El término hebreo para “árbol sagrado femenino” fue traducida como “terebinto” (Pistacia terebinthus, relativa al árbol pistachero), el término hebreo para “árbol sagrado masculino” se convirtió en “roble”. A través de varios siglos, en el folclore relacionado con Robin Hood y el viejo roble asociado a sus aventuras, el contexto religioso de la historia fue adquiriendo más protagonismo que el que tenía originalmente; a la par, el tejo fue perdiendo parte del suyo.
Si organizamos meticulosamente estos aspectos, vienen a la luz multitud de detalles que se han perdido a lo largo de estos dos últimos milenios. Por otro lado, tenemos nuevas percepciones para nuevos descubrimientos en etnología e historia, además de hallazgos arqueológicos. Lo que emerge finalmente es una evidencia de que el tejo debe haber sido el Árbol del Mundo original. Nada de lo que digo es nuevo, el único aspecto en que he podido contribuir creativamente radica en la gigantesca labor de compilación de datos, en la observación de que el tejo es el único árbol cuyo rango natural de distribución coincide con los territorios de aquéllas culturas ancestrales en la que se ha desarrollado la tradición del Árbol del Mundo. Bretaña, Escandinavia, Turquía, Irán, India, China, Japón, todas tienen especies muy diferenciadas de robles, fresnos o serbales, pero un único tejo.

E: ¿Qué hay acerca del viejo Árbol del Mundo nórdico? ¿No era Yggdrasil un fresno?

Fred Hageneder: “El Fresno del Mundo” es un término que apareció hace solamente unos pocos siglos, y no en los poemas y epopeyas islandesas, sino dentro de la literatura inserta en las interpretaciones secundarias del material original. Fue un tiempo en que la literatura original dejó de ser entendida en su contexto inicial. La vieja poesía islandesa, una forma de arte elaborada por poetas profesionales, fue secundada por la tradición bárdica de los celtas y desapareció finalmente en la Edad Media. Una de las principales características de la poesía islandesa era la de mimetizar los nombres verdaderos de las cosas, evitando siempre mencionar su acepción verdadera. Un barco podía llamarse un “caballo flotante”, una flecha, “abeja hiriente”, un guerrero, era un “árbol de batalla” (ver Kenning en Wikipedia.) Éste era un código que podía ser entendido solamente por aquéllos que tenían un profundo conocimiento de la mitología nórdica. Un lenguaje apropiado para los iniciados, diestros en las artes del combate con humor poético y hábiles para ocultar mensajes a los vigilantes ojos de los misioneros. Pero siglos después, estudiantes procedentes de Alemania y Gran Bretaña se toparon con estas expresiones y las hicieron suyas. En dos lugares de Eddas, el Árbol del Mundo es conocido como askr, un término que sorprendentemente, se ha traducido como fresno, pero que en la vieja Islandia es una palabra con la que se denomina a un tipo de cuenco de madera. La asociación de un cuenco que se desborda con el Árbol del Mundo es universal, y simboliza el néctar de los dioses según la tradición nórdica. También se asocia a la lluvia fértil venida del cielo, canalizada a través del árbol del que la vida humana es deudora.
Y ese es otro aspecto de El Tejo – Una Historia: he elegido mostrar mediante los diversos significados de la religión comparativa, cuán ancestrales pueden ser todos esos símbolos. No ayuda tratar de entender ciertas costumbres procedentes de religiones aisladas, se debe entender el contexto completo, es decir, cómo los diferentes símbolos han emigrado a través del mundo. La revolución agrícola llevó, además de nuevas semillas a nuevos territorios, un sinfín de aspectos mitológicos asociados a las diferentes especies de plantas. Esto explica porqué podemos encontrar sorprendentes paralelismos entre las tradiciones relativas a los árboles, procedentes de las culturas cética y nórdica, con las ancestrales culturas hitita o proto-sumeria escritas hasta cinco milenios antes que las primeramente citadas. Las pistas se remontan hasta la mediana Edad de Piedra y lo bonito de la historia es que esto subraya nuestros orígenes comunes como humanos: europeos, persas, caucásicos o japoneses, todos somos hijos del Árbol del Mundo.

E: ¿cómo llamarías a tu trabajo, esotérico o científico?

Fred Hageneder: Bien, ¿qué quieres decir con “esotérico”? Realmente detesto cuando alguien dice que los ángeles, extraterrestres o espíritus de los árboles le han encomendado un acto. Crea una especie de subordinación imaginaria que barre su dignidad o sus capacidades mentales. Pero esa clase de comportamiento humano no significa automáticamente que los espíritus de los árboles no existan. Creo que hay muchos aspectos en nuestra limitada mente que no se pueden comprender. Y hasta que no los conozcamos mejor, pienso que deberíamos tratarlos con respeto, especialmente si son seres vivos.
Es una curiosidad innata que me conduce a investigar más y más sobre la belleza y la complejidad de la creación, no sólo mediante una investigación profesionalizada, a nivel individual, también deberíamos comprobar la raíz de nuestra información y verificarla; especialmente los datos externos, aunque también de vez en cuando, nuestras creencias, preconcepciones y motivaciones más profundas. Supongo que tengo una interpretación “holística” al aproximarme a la ciencia, no tengo miedo a la metafísica. Tengo en cuenta, además, cómo influye la psicología en nuestra búsqueda.

E: ¿Qué planes tienes para el futuro?

Fred Hageneder: He trabajado en este libro durante cuatro años. El tejo me llevó por una aventura a través del milenio, y he pasado momentos maravillosos bajo los árboles más viejos de Europa y Turquía. Quizás he pasado demasiado tiempo con los árboles junto a cementerios británicos, buscando los tejos más longevos, y esto puede resultar un poco solitario…Ahora mismo siento la necesidad de volver al presente, volver a mi música, encontrarme con gente viva. Actualmente una semilla ha germinado dentro de mí: un libro sobre el árbol en general para niños (Tree World).

E: Buena suerte con todo y gracias por esta entrevista.

 

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